lunes, 6 de agosto de 2012

Aprender a Callarse

Relacionado a esa noche, sólo recuerdo el patio, la piscina (muy linda, por cierto), los tragos y la gente alegre rondando por la casa. Pero no recuerdo nada del famoso suceso ese del que siempre habla la prensa. Es que estaba muy alcoholizado (lo estaba). Bebí una botella del whisky ese que sale en todos lados, no recuerdo el nombre. Y bebí algunos otros tragos.
Sinceramente, no recuerdo nada. Les juro que trato de hacer memoria pero fracaso en cada intento. Ustedes me dijeron, entonces, que un tipo de corta estatura, como yo, pero quizás más alto, ingresó en la habitación, se jactó de que nadie lo divisara, tomó un cuchillo (nadie sabe de dónde) y apuñaló unas cuarenta y cinco veces a la niña de tan sólo cinco años que dormía en ese cuarto, ¿cierto? No comprendo tanto cinismo. Hay que estar, realmente, loco de atar para cometer tal acto. ¿Ustedes qué opinan? Miren estas fotos, conmueven.
Lo siento, muchachos, pero no puedo ayudarlos, no recuerdo nada del hombre, la niña, el cuchillo, el saco en el cual envolvió, supuestamente, el cuerpo..
Sin dejarlo finalizar, uno de los oficiales de policía que se encontraba allí con él, dentro del cuarto de interrogación, hizo un gesto con su mano, indicándole que cierre su boca. Tal vez, debió cerrarla antes.
- Señor, nosotros no mencionamos nada sobre el saco.
Ah, pues, es que lo recordé de repente. Quizás no estaba tan alcoholizado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario