jueves, 30 de agosto de 2012

Yo Prefiero El Pelo Largo

Toqué timbre una excesiva cantidad de veces pero no hubo caso. Nadie abrió. Se ve que el tío Marcos no estaba en casa. Raro. Él me pidió que vaya a las tres de la tarde a ayudarlo a embalar unas cajas y armar unos bolsos. Tenía que irse de viaje, o algo así. No sé por qué ni le pregunté porque, sinceramente, no me interesaba. Supuse que sería por trabajo, o algo por el estilo, pero como no me importó mucho, no le pregunté. Lo único que sabía, es que viajaría a Colombia con su hermano Julio, quien se había ido una semana atrás, y desconozco su motivo, también. Por el tío Julio se me ocurrió preguntarle a mamá, pero no me quiso decir. Dice que soy muy bocón, que le contaría todo a mis compañeros de escuela. No es culpa mía que a mis amigos les guste escuchar mis barbaridades.. soy muy simpático. Hago reír a los chicos, excepto a Carlitos, el compañerito nuevo. No me gusta como me mira, como si yo fuese una especie de bicho raro. Es muy serio, y se peina como el director. Ridículo. Yo prefiero el pelo largo. El director y la maestra me preguntan si no me lo corto porque mi mamá no quiere, siempre me lo preguntan. Yo siempre les digo que es porque yo no quiero, porque me gusta. Pero como que no me creen.
Después de esperar un rato en la puerta de la casa del tío Marcos, al ver que no llegaba, me volví a casa. Mamá estaba como llorosa y papá me mando a mi cuarto. Seguro que estaban discutiendo. Nunca me dejan quedarme ahí cuando discuten. Yo siempre quise saber los motivos de las discusiones. ¡Tengo derecho a saber! Soy el hijo y puedo hacer como un terapeuta. Yo podría hacer que todo se arregle. Pero no, no me dejan. Así fue que me fui a mi habitación y me recosté en la cama a dormir una siesta. Me despertó mi mamá a los gritos como una hora después. Mis cosas estaban en cajas y ella y papá se veían bastante alterados. La miré a mamá y le dije "parece que nos vamos". Me miró con cara de preocupada y me dijo que todo estaría bien, que no me preocupe, que íbamos a empezar una nueva vida en otro lugar. No se oía convencida del todo de lo que me decía. Sin embargo, me trató de convencer del todo a mi, y por poco lo logra, pero igual accedí, después de todo, es mi mamá.
Antes de salir, papá se cortó el pelo y se peinó como el director de mi escuela. Me hizo acordar a Carlitos. No me gustó para nada y se lo hice notar. Le pregunté por qué su corte y peinado y me respondió que le gustaba el look. Mamá también se arregló, se peinó y se vistió muy elegante. Creí que habría algún evento como una fiesta o algo así. Pero a mi no me arreglaron. La fiesta era para ellos, obvio. El nene no puede asistir a reuniones de adultos. "Seguro que me dejan en lo de la abuela", pensé. No había cosa más aburrida que estar en lo de la abuela. No tenía juguetes, no quería que juegue a la pelota, no me dejaba escuchar ni los partidos de Boca. Me irritaba ir a lo de la abuela.
Salimos de casa, y no sólo que no fuimos a lo de la abuela (Dios habrá oído mis plegarias), sino que nos fuimos de viaje. Fue la primera vez que viajé en avión. Debo confesar que tuve miedo. Mucho. Pero como todo buen argentino supe controlar ese miedo y convertirlo en valentía e ímpetu. Somos así, no podemos evitarlo. Somos argentinos.
Llegamos a un lugar que nunca pude aprenderme el nombre, pero había mucha gente rubia. Demasiada para mi gusto. Me sentí marginado. Lo era. Lo éramos. La gente sabía que veníamos de Argentina y ya como que reculaba. No querían tener ningún tipo de trato con nosotros, mi familia. No entiendo por qué. "Ha de ser tu look espantoso el culpable de todo esto, papá", le dije al viejo. Me miró raro, luego la miró a mamá y se rieron los dos. No era para que se rían, era sincero. No entiendo a los padres. Cuando les decís la verdad no te creen, y cuando les mentís en algo se lo toman muy a pecho. Demasiado.
Estuvimos casi una semana en ese lugar y luego volvimos a abordar un avión. Fuimos a otro país. Dinamarca es un país, ¿verdad? ¡Ay, perdón! Es que suelo confundirlo con Catamarca. De ahí es mi primo Fito. Siempre cuando venía de visita lo molestaba por el acento. Él se enojaba mucho y empezaban las guerras de almohadas. Eran entretenidas las visitas de él.
Cuando llegamos a Dinamarca mi mamá me dio un collar. Un collarsito que era de ella y me lo quería obsequiar. Me dijo que era de buena suerte y que lo tenga conmigo siempre, pase lo que pase. Le dije que sí, asintiendo con la cabeza. Me abrazó fuerte. Nunca me voy a olvidar de ese abrazo.
Al día siguiente volvimos a abordar, y volvimos a Buenos Aires. Creo que ese fue el error.
Llegamos a Buenos Aires y fuimos a casa. Me asusté mucho porque la puerta estaba rota y había cosas tiradas. Lo poco que teníamos se había roto. Le pregunté a mamá y me dijo que aparentemente un terremoto había azotado Buenos Aires. No le creí. "Soy chiquito, no tarado", le dije a mamá. Me miró como sorprendida y más aún, aunque suspiró, cuando le dije que no tenía por qué ocultarme que nos habían entrado a robar. Menos mal que no estábamos, che. Hubiese sido frustrante. Más de lo que ya era de por sí. La vi sonreír luego de decirle eso, no sé por qué. No me hacía gracia ver todo roto a mi. Luego de eso nos pusimos a limpiar y limpiar. No sé por qué motivo si dormimos en lo de la abuela.
Al día siguiente desperté como a las dos de la tarde. La abuela tejía y papá no estaba. Le pregunté a mamá, que estaba terminando de cocinar, si papá había ido a trabajar, y se rió. Me dijo que volvería a la tarde, que había ido a ver a unos amigos, de esos que antes venían a casa. No me acordaba mucho, pero sí recordaba algunos de ellos, más al que le decían 'Kempes', porque decían que era un matador. Todos tenían apodos, y algunos eran cómicos. En especial el que le decían 'Bonete'. Nunca supe por qué pero siempre me causó gracia. A mi papá le decían 'Tortuga'.
Se hizo de noche y papá no volvía. Mamá se empezaba a preocupar. Me acuerdo que ella se estaba por poner la campera cuando sonó el timbre. "Es el Tortu" dijo mamá y corrió apresurada para abrir la puerta. Abrió y no era papá. Eran unos hombres de traje que venían a buscarla. Ella se sorprendió y los hombres la agarraron del brazo cuando quiso correr. Yo le dije que la suelte y el hombre no me hizo caso y me insultó. Me dijo que si no me quedaba quieto me agarraba a mi también y a la Abuela la metieron en el baño. Entraron a la casa y se llevaron algunas cosas. ¡Eran ladrones! Ladrones elegantes. Llevaban traje.
- ¿Y esos ladrones no te pegaron, ni nada?- Preguntó la señora sentada del otro lado del escritorio.
No, nada. Sólo me trajeron para acá. Me dijeron que iba a tener otra familia muy pronto. Pero yo quería seguir teniendo a mi familia. Ya me había acostumbrado.
- Bueno, pero a veces pasan esas cosas. Más en estos lugares. Tus papás eran gente mala. Perdoná que te lo diga así tan fríamente pero es la verdad. Ahora vas a tener que cortarte ese pelito, eh.
Dios. No me voy a cortar el pelo, señora. Y menos si me lo dice usted. No puedo creer como no entienden que yo prefiero el pelo largo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Aprender a Callarse

Relacionado a esa noche, sólo recuerdo el patio, la piscina (muy linda, por cierto), los tragos y la gente alegre rondando por la casa. Pero no recuerdo nada del famoso suceso ese del que siempre habla la prensa. Es que estaba muy alcoholizado (lo estaba). Bebí una botella del whisky ese que sale en todos lados, no recuerdo el nombre. Y bebí algunos otros tragos.
Sinceramente, no recuerdo nada. Les juro que trato de hacer memoria pero fracaso en cada intento. Ustedes me dijeron, entonces, que un tipo de corta estatura, como yo, pero quizás más alto, ingresó en la habitación, se jactó de que nadie lo divisara, tomó un cuchillo (nadie sabe de dónde) y apuñaló unas cuarenta y cinco veces a la niña de tan sólo cinco años que dormía en ese cuarto, ¿cierto? No comprendo tanto cinismo. Hay que estar, realmente, loco de atar para cometer tal acto. ¿Ustedes qué opinan? Miren estas fotos, conmueven.
Lo siento, muchachos, pero no puedo ayudarlos, no recuerdo nada del hombre, la niña, el cuchillo, el saco en el cual envolvió, supuestamente, el cuerpo..
Sin dejarlo finalizar, uno de los oficiales de policía que se encontraba allí con él, dentro del cuarto de interrogación, hizo un gesto con su mano, indicándole que cierre su boca. Tal vez, debió cerrarla antes.
- Señor, nosotros no mencionamos nada sobre el saco.
Ah, pues, es que lo recordé de repente. Quizás no estaba tan alcoholizado.

Las Vueltas de la Vida

Nosotros, y cuando digo nosotros me refiero al Hombre, el Ser humano ¿pensamos, alguna vez, en cómo entender de manera más sintetizadas las 'vueltas de la vida'?. Ya, de por sí, podríamos decir que son inentendibles, que sólo hay que adaptarse a ellas y ya. Convivir con eso. Pero, ¿cómo vivir con eso? Tan conformista es el hombre. ¿Por qué, el hombre, se conforma con tan poco? ¿Por qué elige aceptar a la vida como es, sin necesidad de comprenderla? Hay una necesidad de comprenderla, señores, señoras, la hay.
Dejemos de lado ese conformismo y adentremos nuestra mente en la inmensidad del curioso "¿Por qué?".
Yo propongo que a 'las vueltas de la vida', se las pueden comparar con las vueltas de un tornillo común, y corriente. Se preguntarán "¿Qué tiene que ver un tornillo con la vida?" En sí, no tiene que ver en absolutamente nada. O tiene que ver en todo. Todo es relativo, mis queridos, todo es relativo. Les explico el porqué. Un tornillo se enrosca, y al enroscarse se adentra en la superficie en la cual está siendo enroscado (no importa cuál, ya sea madera, cemento, metal, etc.). Lo mismo pasa con la vida. Uno, sin percibirlo, se enrosca en sus cosas cotidianas, con sus allegados en algún círculo social, con sus ocios, con sus locuras, con sus cosas. Al enroscarse en esas cosas, se adentra paulatinamente en ellas, y de a poco y sin darse cuenta, comienza a adaptarse, y así, el círculo mágico, con el cual hago referencia a 'las vueltas de la vida', sigue su rumbo sin ningún tipo de detenimiento.
Así es que, alumnos, antes de volverme a hacer preguntas como: "¿y yo cómo hago para entender el Teorema de Pitágoras?", o decirme "no entiendo, profesor", piensen detenidamente un instante, en que en el mundo, a su alrededor, hay muchas cosas que, de veras, no se sabe cómo entenderlas.