Acurrucado. No me queda otra que estar acurrucado en este rincón. Luces azules veo por todos lados, y es tanto así, que no distingo cuáles son reales y cuáles son producto de mi atemorizada e intensa imaginación. No sé qué día es hoy. No me importa. Sólo me importa, ahora, estar acurrucado en este rincón. Pensando. Siempre pensando. Busco la manera de establecer una conexión entre los hechos y mis pensamientos pero con tantas luces azules no lo veo posible. Tengo miedo de cerrar los ojos. Casi ni parpadeo. Mi miedo se basa en que si los cierro, tal vez no pueda volver a abrirlos y ver la misma libertad que veo ahora. Libertad limitada, puesto que si no estuviese acurrucado en este rincón, no sería más libre. Ya no fui libre. Ya soy libre otra vez. Quiero ser libre sin tener que estar acurrucado en este rincón. Espero. No sé exactamente qué es lo que espero, pero lo espero con ansia.
Pasan los segundos, los minutos, las horas. Sigo acurrucado en este rincón. Me acostumbré a estar acurrucado. No es tedioso ya, para mi. Se me hizo un hábito. Dentro del cuarto vivía acurrucado. Sólo salía de esa posición y ese rincón para ducharme, cuando me obligaban a hacerlo. De todos modos quería. Había veces que quería y no me dejaban. De hecho, hasta me tiraban basura, entre otras cosas.
Estoy acurrucado en este rincón y comienza a amanecer. Es hora de salir de mi posición y buscar otro rincón. Pero.. ¿qué rincón? ¿cuál rincón? ¿cuál rincón sería tan o más seguro que éste? No lo sé. No necesito saberlo. Sólo debo arriesgarme -una vez más- y buscar otro rincón. Uno más cerca de casa. ¿Adónde está mi casa? No sé hacia dónde tengo que ir. Tampoco necesito saberlo.
Es momento. Ahora que no hay más luces azules debo aprovechar. Pero no dejo de pensar en que, quizás, sí hay más luces azules. No hay que pensar. Es momento de ser impetuoso.
Corrí. Llegué a otro rincón. Éste está más cerca de casa. Lo sé, aunque no necesite saberlo. Ya giré mi cabeza hacia arriba y logré divisar un cartel con el nombre y la altura de las calles. Estoy a pocos metros de casa. Estoy en casa. Salgo del rincón y corro hacia mi puerta. Golpeo. Toco timbre. No sale nadie. No hay nadie.
Me senté sobre el cordón de la vereda, ya sin ir a ningún rincón. Sólo veo el piso. El suelo que se ilumina de a poco con el amanecer de un nuevo día. Se ilumina de a poco, y cada vez más. Toma una tonalidad. Va tomando una intensa tonalidad azul. Levanto la mirada y veo otro color. El color verde, y sobre él, da vueltas relámpago color azul. Preferí mi rincón. Cuando quise salir de allí no pude hacerlo. Grité. Nadie me oyó. Nadie me quiso oír. Nuevamente, preso de mi rincón, no veré más luces azules.
Muy bueno
ResponderEliminar